jueves, 26 de abril de 2012
Los sonetos del otoño/May Sarton
Si puedo dejarte ir como los árboles dejan ir
Sus hojas, tan naturalmente, una por una;
si puedo llegar a saber lo que ellos saben,
que la caída es alivio, es consumación,
entonces el miedo al tiempo y a la fruta incierta
no perturbaría los grandes cielos lúcidos,
este otoño extrañísimo, dulce y severo.
Si puedo soportar lo oscuro con los ojos abiertos
y llamarlo estacional, no áspero o extraño
(Porque también el amor necesita un tiempo de descanso),
y como un árbol estarme quieta ante los cambios,
perder lo que se pierda para guardar lo que se pueda,
la extraña raíz todavía viva bajo la nieve,
el amor resistirá si puedo dejarte ir.
domingo, 15 de abril de 2012
AMOR A PRIMERA VISTA… Wislawa Szymborska (Poeta Polaca)
Ambos están convencidos de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Ella lo escribió mejor de lo que yo hubiera hecho, pero yo también lo pienso hace mucho. Quizá sea mi instinto de periodista, a lo mejor mis locuras de poeta, pero hace mucho tiempo que me gustaría en algunas circunstancias que mi ojo tuviera la omnisciencia de las cámaras en algunas películas cuando ven a los protagonistas antes o después del romance desencontrarse por segundos, por pasos, por pequeños percances hasta que día y hora los juntan en el momento señalado.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Ella lo escribió mejor de lo que yo hubiera hecho, pero yo también lo pienso hace mucho. Quizá sea mi instinto de periodista, a lo mejor mis locuras de poeta, pero hace mucho tiempo que me gustaría en algunas circunstancias que mi ojo tuviera la omnisciencia de las cámaras en algunas películas cuando ven a los protagonistas antes o después del romance desencontrarse por segundos, por pasos, por pequeños percances hasta que día y hora los juntan en el momento señalado.
domingo, 8 de abril de 2012
EZRA POUND / versión Sandra Toro (desconozco el título)
Sé en mí como el ánimo eterno
del viento frío, y no
como las cosas efímeras—
regocijo de flores.
Tómame en la intensa soledad
de los riscos sin sol
y de las aguas grises.
Deja que los dioses hablen de nosotros en voz baja
de ahora en más,
y que las flores sombrías de Orco
te recuerden.
se lo robé a mi amiga Marianela Riera. Me hizo acordar a ese otro poema: Tu dirás triunfante con salvaje grito, eres mía, mía. Yo diré bajito...tuya tuya. Tu amor es de presa, de ofrenda es mi amor, la vida me ha dado la parte mejor. No sé ni de quien es, lo me llega desde la memoria antigua.
del viento frío, y no
como las cosas efímeras—
regocijo de flores.
Tómame en la intensa soledad
de los riscos sin sol
y de las aguas grises.
Deja que los dioses hablen de nosotros en voz baja
de ahora en más,
y que las flores sombrías de Orco
te recuerden.
se lo robé a mi amiga Marianela Riera. Me hizo acordar a ese otro poema: Tu dirás triunfante con salvaje grito, eres mía, mía. Yo diré bajito...tuya tuya. Tu amor es de presa, de ofrenda es mi amor, la vida me ha dado la parte mejor. No sé ni de quien es, lo me llega desde la memoria antigua.
martes, 3 de abril de 2012
VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS/Cesar Pavece
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
Escuché por primera vez estos versos en la canción de Calaramo -ay yo, llegando siempre tarde al conocimiento- pero me impactaron sin saber que el autor era impactante. Desde entonces sé que algunas mañanas el espejo te impone una cierta forma de mirar, a vos, a mí. Y una piensa en estos versos y se los repite sin saber muy bien el significado, pero segura de que cada día que pasa es un tesoro que se va perdiendo de poco, que cada día es la vida y es la nada.
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.
Escuché por primera vez estos versos en la canción de Calaramo -ay yo, llegando siempre tarde al conocimiento- pero me impactaron sin saber que el autor era impactante. Desde entonces sé que algunas mañanas el espejo te impone una cierta forma de mirar, a vos, a mí. Y una piensa en estos versos y se los repite sin saber muy bien el significado, pero segura de que cada día que pasa es un tesoro que se va perdiendo de poco, que cada día es la vida y es la nada.
domingo, 1 de abril de 2012
LA LUNA/Jorge Luis Borges
Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.
Un poema íntimo de Borges, lejos del saber académico, de los blasones y lo épico. Será que frente a la luna todos estamos desnudos, en la noche antigua y en la presente.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.
Un poema íntimo de Borges, lejos del saber académico, de los blasones y lo épico. Será que frente a la luna todos estamos desnudos, en la noche antigua y en la presente.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Con esta boca, en este mundo...Olga Orozco
Con esta boca, en este mundo...
No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.
Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.
Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.
¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.
Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca.
Ahh quien supiera el verbo sagrado, aunque sea para no pronunciarlo! Inquietante Olga, como siermpre.
No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,
aunque me tiña las encías de color azul,
aunque ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,
aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas
y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos.
Tal vez hayas huido hacia el costado de la noche del alma,
ese al que no es posible llegar desde ninguna lámpara,
y no hay sombra que guíe mi vuelo en el umbral,
ni memoria que venga de otro cielo para encarnar en esta dura nieve
donde sólo se inscribe el roce de la rama y el quejido del viento.
Y ni un solo temblor que haga sobresaltar las mudas piedras.
Hemos hablado demasiado del silencio,
lo hemos condecorado lo mismo que a un vigía en el arco final,
como si en él yaciera el esplendor después de la caída,
el triunfo del vocablo con la lengua cortada.
¡Ah, no se trata de la canción, tampoco del sollozo!
He dicho ya lo amado y lo perdido,
trabé con cada sílaba los bienes que más temí perder.
A lo largo del corredor suena, resuena la tenaz melodía,
retumban, se propagan como el trueno
unas pocas monedas caídas de visiones o arrebatadas a la oscuridad.
Nuestro largo combate fue también un combate a muerte con la muerte, poesía.
Hemos ganado. Hemos perdido, porque ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca.
Ahh quien supiera el verbo sagrado, aunque sea para no pronunciarlo! Inquietante Olga, como siermpre.
jueves, 8 de marzo de 2012
Maternidad/José Pedroni
Mujer: en un silencio que me sabrá de ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.
-El hueco de tu almohada tendrá olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-.
Si mi mano te toca,
tu voz, con la vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río.
Y un día, un dulce día, quizás un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y las recién casadas
vienen por los caminos a las misas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, el pescador no pesca...
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez en el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté de viaje...-.
Un día, un dulce día, con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento.
Y será el regocijo
de besare las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada...
En medio de tanta reivindicación, yo quiero resaltar la labor más femenina, en estos versos que me rondan a menudo.Sobretodo esos versos, domésticos y necesarios, "El hueco de tu almohada tendrá olor a nido,/y a vino derramado nuestro mantel tendido-." Feliz día mujeres, madres o no, portadoras del don de lo vivo, replicado sino en este, en cientos de actos creadores.
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.
-El hueco de tu almohada tendrá olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-.
Si mi mano te toca,
tu voz, con la vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río.
Y un día, un dulce día, quizás un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y las recién casadas
vienen por los caminos a las misas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, el pescador no pesca...
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez en el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté de viaje...-.
Un día, un dulce día, con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento.
Y será el regocijo
de besare las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada...
En medio de tanta reivindicación, yo quiero resaltar la labor más femenina, en estos versos que me rondan a menudo.Sobretodo esos versos, domésticos y necesarios, "El hueco de tu almohada tendrá olor a nido,/y a vino derramado nuestro mantel tendido-." Feliz día mujeres, madres o no, portadoras del don de lo vivo, replicado sino en este, en cientos de actos creadores.
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