domingo, 17 de febrero de 2013

TERESA ARIJON/ Si fuera hombre usaría.


Si fuera hombre usaría
la navaja de mi abuelo para afeitarme —
rozaría levemente el hueco del mentón,
trazaría los ángulos del rostro con precisión de esteta.
Ha de ser un magnífico ejercicio de conciencia y de pulso
mirarase cada día al espejo,
navaja en mano.



Inquietante poema de Teresa. Inquietante pensar en la navaja, el pulso y la conciencia, todos en el mismo reflejo. Lo comparto, con cariño dominical.

domingo, 20 de enero de 2013

La Ruta del Marfil / Marina Kohon



Ser clavadista en un mar de hielo.



Mirar es peligroso
es asomarse a una puerta entreabierta
palpar los bordes
en la tersura del límite
entregarse
y saber que no hay retorno
que la intensidad
es un terreno espeso.



dar pasos
sobre los sonidos desgajados del verano
esperarnos, como se espera al poema
uniendo pasos desacompasados
descifrando a contraluz
el perfil de la nube.




quizá la intensidad sea
una combustión en la línea del horizonte
en los naranjas que se cruzan como espadas
o simplemente derramarse
hasta las últimas consecuencias
sobre un suelo sediento.




demorar al silencio
dejar que se agigante
mientras el universo
teje sus hilos de incertidumbre;
abrirme de mí
para dibujar el cero de un inicio
en la desnudez
que empareda al miedo:
así espero.


Hasta crecer
en la claridad
que ruega amor.



Marina Kohon de La Ruta del Marfil, Alción, 2012

Gracias Marina,  por estos versos, por romper el hielo, y por tu amistad siempre!

sábado, 1 de diciembre de 2012

Llego tarde al llegar temprano/Matías Nelson Gingold

Llego tarde al llegar temprano,
dos semanas tarde.
La realidad se compone
de muchos pedazos.
Lo real se ríe intangible.
Mis ojos sangran y se enceguecen,
la verdad nunca debería ser vista,
estamos demasiados acostumbrados al humo,
la verdad sea dicha
nunca fue siquiera vislumbrada en este poema.
Pero necesitamos falacias,
somos trenes a la inversa,
necesitamos el humo
y producimos carbón.
¿Para qué mentirnos
Si somos máquinas?



Matías Nelson Gingold es alumno de mi taller. No puedo arrogarme como maestra, ningún merito. Llegó así, poeta y pensador y así sigue escribiendo. Tiene sólo 17 años y por él camina la semilla viva de la poesía. Felidades Mati. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

NO ME ATREVO/ Francisco José Cruz



No me atrevo a intentar ciertos poemas
por el temor a que, tarde o temprano,
sus presagios se cumplan.
Poner el miedo en órbita
es como darle cuerda
a un destino olvidado por la vida.
Los versos que recuerden lo que aún no ha ocurrido
podrían dar ideas
al ogro atolondrado del futuro.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Los hombres tristes no bailan en pareja/Piedad Bonnett


Los hombres tristes ahuyentan a los pájaros.
Hasta sus frentes pensativas bajan
las nubes
y se rompen en fina lluvia opaca.
Las flores agonizan
en los jardines de los hombres tristes.
Sus precipicios tientan a la muerte.

En cambio,
las mujeres que en una mujer hay
nacen a un tiempo todas
ante los ojos tristes de los tristes.
La mujer-cántaro abre otra vez su vientre
y le ofrece su leche redentora.
La mujer-niña besa fervorosa
sus manos paternales de viudo desolado.
La de andar silencioso por la casa
lustra sus horas negras y remienda
los agujeros todos de su pecho.
Otra hay que al triste presta sus dos manos
como si fueran alas.

Pero los hombres tristes son sordos a sus músicas.
No hay pues mujer más sola,
más tristemente sola,
que la que quiere amar a un hombre triste.



Piedad dice de sí misma que no es estratégica. Quizá por eso me gusta su poesía. Porque tampoco lo es. Va directo a decir lo que tiene que decir, con valentía, con verdad, con la fuerza que la poesía se merece de las personas que se animan a vivirla descarnadamente. Muchos puntos de coincidencia encontramos en la charla. Dice que entre nosotros ha nacido una amistad. Así sea, porque las mujeres alegres son las que logran tener amigas verdaderas.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La Piedad - Guiseppe Ungaretti

LA PIEDAD

I

Soy un hombre herido.

Y me quisiera ir

Y finalmente llegar,

Piedad, donde se escucha

El hombre que está solo consigo.

No tengo más que soberbia y bondad.

Y me siento exiliado entre los hombres.

Pero por ellos sufro.

¿No seré digno de volver a mí?

He poblado de nombres el silencio.

¿Hice pedazos corazón y mente

Para caer en servidumbre de palabras?

Reino sobre fantasmas.

Ah hojas secas,

Alma llevada aquí y allá...

No, odio el viento y su voz

De bestia inmemorable.

Dios, ¿aquellos que te imploran

No te conocen ya más que de nombre?

Me has expulsado de la vida.

¿Me expulsarás de la muerte?

Quizás el hombre también es indigno de esperar.

¿Está seca también la fuente del remordimiento?

Qué importa el pecado,

Si ya no conduce a la pureza.

La carne recuerda apenas

Que ha sido fuerte alguna vez.

Es loca y gastada, el alma.

Dios, mira nuestra debilidad.

Queremos una certeza.

¿Ya ni siquiera ríes de nosotros?

Y compadécenos entonces, crueldad.

No puedo ya más estar amurallado

En el deseo sin amor.

Muéstranos un vestigio de justicia.

¿Cuál es tu ley?

Fulmina mis pobres emociones,

Libérame de la inquietud.

Estoy cansado de gritar sin voz.

II

Melancólica carne

Donde brotó la alegría alguna vez,

Ojos entrecerrados en el cansado despertar,

¿Tú ves, alma demasiado madura,

El que seré, caído en tierra?

Está en los vivos el camino de los muertos.

Somos nosotros el torrente de sombras,

Son ellas el grano que nos estalla en sueño,

Suya es la lejanía que nos queda,

Y suya es la sombra que da peso a los nombres.

¿La esperanza de un montón de sombra

Y no otra cosa es nuestra suerte?

¿Y tú, Dios, sólo serás un sueño?

Al menos a un sueño, temerarios,

Queremos que te parezcas.

Es fruto de la demencia más clara.

No tiembla en nubes de ramas

Como pájaros de mañana

Al filo de los párpados.

En nosotros está y languidece, llaga misteriosa.

III

La luz que nos hiere

Es un filo cada vez más sutil.

¿No deslumbras tú, si no matas?

Dame esta alegría suprema.

IV

El hombre, monótono universo,

Cree extender sus bienes

Y de sus manos febriles

No salen más que límites sin fin.

Unido sobre el vacío

A su hilo de araña,

No teme y no seduce

Sino el propio grito.

Repara lo gastado alzando tumbas,

Y para pensarse, Eterno,

No tiene más que las blasfemias.

GIUSEPPE UNGARETTI

Alejandría 1888 LA PIEDAD


Alguien dijo ayer durante Intertextos: en la pared antes de ser fusilado no se pide perdón sino compasión. O algo con ese sentido. Cuando uno ha perdido todo, esencialmente a sí mismo, como Ungaretti pide piedad. Un poema que explica el sentimiento de desasosiego con una claridad impresionante. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Hay dos Españas/León Felipe


Hay dos Españas: la del soldado y la del poeta. La de la espada fraticida y la de la canción vagabunda. Hay dos Españas y una sola canción. Y esta es la canción del poeta vagabundo:
Soldado, tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo…
Mas yo te dejo mudo… ¡mudo!
Y ¿cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?


En épocas donde muchas situaciones se definen con discursos violentos, los invito a recordar el amor de la palabra poética. El encuentro de lo que se dice desde el corazón.